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"Si hubieran fracasado en el rescate, y el cuerpo del niño se hubiera destrozado contra la rugosa superficie del puente al balancearse el fragmento de hormigón, Takashi, como responsable de la desgracia, habría sido lanzado inexorablemente contra la mole de hormigón mientras colgaba como una plomada, para que se machacara la cabeza. O, peor aún, tal vez hubiera recibido un castigo más cruel por ser un extraño que había matado a un miembro inocente de la comunidad del valle"

El japonés Kenzaburo Oé es uno de los escritores que más consigue fascinarme. Tiene una prosa muy cuidada, sus personajes son creíbles y están llenos de matices, y presenta unas situaciones en las que la vida cotidiana se llena de detalles que, aunque parezcan insignificantes, son como la vida real: los detalles son los que marcan la diferencia entre los días monótonos de nuestras vidas.

En El grito silencioso, Oé continúa expulsando los demonios personales que le llevaron a escribir Una cuestión personal: el nacimiento de su hijo retrasado, y África como lugar de redención, como paraíso lleno de inocencia en el que purgar los pecados de una existencia torturada.

La novela narra la historia de dos hermanos. El mayor, Mitsusaburo (Mitsu), perdió un ojo cuando unos niños lo apedrearon. Está casado y tiene un hijo, pero su mujer, Natsumi, y él, han tenido que ingresar al pequeño en un sanatorio, porque nació con una deformidad cerebral que le provocó un severo retraso mental. Ambos se sienten como si hubieran abandonado al pequeño a su suerte, y se han abandonado a la decadencia y al alcohol. Además, el mejor y único amigo de Mitsu se acaba de suicidar ahorcándose; esto afecta mucho a Mitsu, que ve cómo se va quedando sin espacio en este mundo, porque no encuentra su lugar y está contemplando la idea de abandonar este mundo, igual que hizo su amigo.

Todo parece que irá mejor cuando el hermano pequeño de Mitsu, Takashi (Taka) vuelve de Estados Unidos. Taka quiere volver al pueblo de los antepasados de la familia, con la excusa de vender varios terrenos al "emperador de los supermercados" del valle; pero en realidad su idea es indagar en el pasado familiar, dado que se identifica con un hermano de su bisabuelo, que había organizado y liderado una revuelta campesina justo cuando Japón empezaba a modernizarse. Natsumi y dos amigos de Taka consiguen convencer a Mitsu para que vayan todos con él, y Mitsu piensa que tal vez pueda allí comenzar una nueva vida.

El problema estriba en que el valle es una comunidad terriblemente cerrada, con una identidad cultural muy marcada y con gran tendencia a excluir a los "extranjeros". En Japón es habitual referirse a "extranjeros" cuando se trata de gente no japonesa (incluso en situaciones en las que están en países diferentes a Japón, es decir, cuando los extranjeros son ellos); pero en el valle, es extranjero todo aquel que no ha echado raíces allí. Taka enseguida consigue integrarse, y decide remedar burdamente a su antepasado tratando de aprovechar sus dotes de liderazgo para crear una nueva revuelta, esta vez contra el "emperador de los supermercados" (cuya enorme estructura ha hecho quebrar las pequeñas tiendas del pueblo, y cuyo monopolio ha encarecido notablemente los precios de los productos). Mitsu, sin embargo, decidirá no tomar parte en la revuelta ni tampoco tratar de integrarse en la comunidad, hundiéndose cada vez más dentro de sí mismo, y viendo cómo su esposa comienza a recuperarse, despegándose de él y empezando a interesarse por Taka.

La situación comienza a cobrar unas dimensiones excesivas para que Taka pueda controlarlo todo solo, a pesar de que él se considera muy capaz (exponiendo su vida y la de los que le siguen a un posible ataque de los "matones" del "emperador de los supermercados"); y la violencia empieza a hacerse inherente a la situación. Mitsu percibe esto, pero es incapaz de reaccionar; no puede ir más allá del papel de espectador, deseando gritar a su hermano que detenga todo antes de que sea tarde, pero su grito está ahogado y no se oye...

En esta novela, Oé explora la búsqueda de la identidad personal y cultural, hace una crítica feroz a la manera en que la gente se deja llevar por los líderes, dejando que ellos piensen por uno mismo (tal vez porque es más fácil, tal vez porque somos débiles... tal vez porque somos humanos, al fin y al cabo), y también hace un repaso (crítico y en absoluto complaciente) a la historia de Japón desde el inicio de su modernización, a finales del siglo XIX, hasta la década de los setenta. Existen a su vez algunas referencias a la mitología y tradición japonesas, y una extraña mezcla de ternura y horror a lo largo de toda la historia. Y sobre todo, una constante referencia a la violencia, no solamente en la cultura japonesa, sino que se nos habla de la violencia inherente al ser humano.

Los que la habéis leído, ¿qué opináis de esta novela?

Un besote